En las comunidades triquis de Oaxaca, las tortillas enchiladas forman parte de la alimentación, las celebraciones y la transmisión de conocimientos entre generaciones. Este platillo se prepara con tortillas de maíz blanco bañadas con una salsa roja elaborada principalmente con chile puya.
En San Juan Copala, las mujeres las consumen durante el periodo de recuperación posterior al parto y también las preparan para confirmaciones, primeras comuniones, bodas, bautizos y Semana Santa. Su presencia en estos momentos refleja la importancia de la comida como elemento de identidad comunitaria.
Una preparación ligada a la vida comunitaria
La elaboración comienza con la molienda del maíz blanco para formar grandes tortillas. Mientras tanto, el chile se desvena y se cuece; después se muele, en ocasiones junto con caldo de res, para obtener la salsa que se unta sobre las tortillas.
Cuando se organiza una fiesta grande, las familias se reúnen desde un día antes para moler las tortillas y preparar los ingredientes. Durante la madrugada se cocina la carne y se elabora la salsa que dará a las tortillas su característico color rojo.
En las fiestas patronales o religiosas, las tortillas se colocan en un tenate, un recipiente tejido de palma, para entregarlas a quienes encabezan la celebración y posteriormente repartirlas entre los invitados. En los bautizos y las bodas también se preparan para los padrinos.
Alimento para el posparto y la Semana Santa
Durante el posparto, las familias llevan tortillas enchiladas a las mujeres que no pueden realizar muchas actividades ni cocinar. El platillo se acompaña con huevos al comal y otros alimentos disponibles en la comunidad.
En Semana Santa, las tortillas enchiladas adquieren un significado especial, pues se consumen sin carne. En otras celebraciones, como el pedimento del agua o la fiesta de los muertos, pueden acompañarse con carne de res que las familias compran y distribuyen de manera comunitaria.
Una tradición que también sostiene a las familias
Además de su valor cultural, la preparación y venta de tortillas enchiladas representa una fuente de subsistencia para algunas mujeres. Su comercialización durante los días de tianguis en Santiago Juxtlahuaca y Putla de Guerrero les permite obtener ingresos para adquirir alimentos que escasean en sus comunidades.
La tradición se mantiene incluso cuando las familias migran a otras ciudades o a Estados Unidos. En esos lugares, las tortillas enchiladas vuelven a prepararse durante las fiestas como una manera de conservar los vínculos con el pueblo triqui.
El aprendizaje comienza desde la infancia
La receta se transmite de madres y abuelas a las nuevas generaciones. Las niñas y los niños observan la preparación desde pequeños y aprenden que el chile, aunque es un ingrediente central, puede ser desvenado y cocido para reducir su picor.
Las tortillas enchiladas también se relacionan con la soberanía alimentaria y la preservación de prácticas bioculturales. En las más de 30 comunidades de esta microrregión de Oaxaca, el platillo conserva sabores, formas de cooperación y costumbres que siguen presentes en la vida cotidiana.
Así, cada tortilla bañada de salsa roja reúne el trabajo de las cocineras, la memoria familiar y la celebración colectiva de una cultura que mantiene viva su identidad a través de la comida.

