Niñas y niños de Sinaloa, integrantes del colectivo Sabuesos Guerreras, han dejado actividades propias de su edad para participar en marchas, protestas y búsquedas de sus familiares desaparecidos. Las movilizaciones se realizan desde hace siete años en Culiacán y reúnen, según la actividad, a entre 25 y 50 infancias que exigen a las autoridades localizar con vida a sus seres queridos.
La participación infantil ocurre en un contexto nacional en el que no existe un registro oficial que permita saber cuántas niñas, niños y adolescentes buscan a sus madres, padres, hermanos u otros tutores desaparecidos. Una estimación de Tejiendo Redes Infancia calcula que alrededor de 165 mil hijas e hijos podrían estar vinculados con personas desaparecidas en México.
Protestas en lugar de celebraciones
María Isabel Cruz, fundadora de Sabuesos Guerreras, explicó que algunas niñas y niños prefieren acudir a la Fiscalía estatal para mostrar fichas de búsqueda y exigir respuestas, en lugar de participar en celebraciones por el Día del Niño. Las movilizaciones comenzaron con grupos pequeños y con el tiempo llegaron a congregar a decenas de participantes.
Con el paso de los años, quienes iniciaron las protestas durante la primera infancia se han convertido en adolescentes que continúan preguntando a las autoridades por sus familiares. Algunos también llevan fichas de búsqueda de otras personas desaparecidas y participan en actividades de defensa de derechos humanos.
También participan en búsquedas de campo
Las infancias que acuden a las búsquedas conocen que se trata de una actividad seria. En algunos casos reciben orientación para distinguir restos óseos humanos de los pertenecientes a animales, siempre dentro de las labores que realizan junto con las personas adultas buscadoras.
La experiencia de estas niñas, niños y adolescentes está marcada por la incertidumbre, los cambios familiares y, en algunos casos, el recuerdo de haber presenciado la violencia relacionada con la desaparición de sus seres queridos. Cuando no reciben explicaciones adecuadas sobre lo ocurrido, pueden interpretar la ausencia como abandono.
Una población sin datos oficiales
La Secretaría de Gobernación, la Comisión Nacional de Búsqueda y el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes no cuentan con una cifra específica sobre las infancias que tienen familiares desaparecidos. La falta de información impide identificar sus necesidades, asignar presupuesto y evaluar la atención que reciben.
La estimación de 165 mil casos se construyó a partir de los registros de personas desaparecidas de entre 15 y 49 años y un promedio de 1.60 hijas e hijos por mujer reportado por una encuesta nacional de 2023. Se trata de un escenario exploratorio, no de un conteo exacto, porque los registros públicos no detallan el vínculo familiar, la edad de las posibles hijas e hijos ni el tiempo transcurrido desde cada desaparición.
Impactos en la vida familiar y escolar
La desaparición de un familiar puede modificar los cuidados, los ingresos, la continuidad escolar, la vivienda y la seguridad de niñas, niños y adolescentes. Madres, abuelas, hermanas y otras familiares suelen asumir simultáneamente la búsqueda, la crianza, el trabajo y los trámites ante las instituciones.
Organizaciones de familiares y derechos humanos han advertido que algunas infancias enfrentan responsabilidades domésticas anticipadas, interrupciones escolares, burlas y temor por su seguridad. También pueden presentar afectaciones emocionales, pérdida de confianza en las autoridades y dificultades para construir su proyecto de vida.
Ante esta situación, las familias buscadoras han impulsado terapias y talleres psicosociales para acompañar a las infancias. Además, demandan fortalecer las comisiones de búsqueda y de atención a víctimas, así como establecer una estrategia que identifique, proteja y atienda a las hijas e hijos de personas desaparecidas de acuerdo con su edad y sus necesidades.

