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La colonia Penitenciaria nació alrededor del Palacio de Lecumberri

La historia de la colonia Penitenciaria está ligada al antiguo Palacio de Lecumberri, un inmueble construido a finales del siglo XIX para modernizar el sistema carcelario de la Ciudad de México y que actualmente alberga al Archivo General de la Nación.

El proceso comenzó en mayo de 1885, cuando se inició la construcción de la penitenciaría en terrenos del rancho de San Jerónimo Atlixco, en una zona que entonces se encontraba en los llanos de San Lázaro, considerada periférica respecto de la capital.

El proyecto retomó el modelo panóptico propuesto por Jeremy Bentham, con una torre central desde la que era posible vigilar los pasillos del recinto. El diseño estuvo a cargo de Antonio Torres Torija, Antonio M. Anza y Miguel Quintana, de acuerdo con registros históricos del inmueble.

La inauguración ocurrió el 29 de septiembre de 1900, durante el gobierno de Porfirio Díaz. Sin embargo, la entrega del edificio se retrasó por las dificultades para conectar su sistema de drenaje con el Gran Canal del Desagüe.

El crecimiento de la colonia

La apertura de la penitenciaría impulsó la formación de la colonia que tomó su nombre. Alrededor del penal aparecieron los primeros tejabanes y tendajones, que aumentaron conforme se trasladó a más personas privadas de la libertad desde la antigua cárcel de Belén.

La infraestructura urbana llegó de manera gradual. El agua potable, la energía eléctrica y el drenaje se instalaron décadas después de la construcción de los muros de piedra y tabique que caracterizaron al recinto.

Con el paso del tiempo, Lecumberri adquirió el sobrenombre de Palacio Negro. Una de las explicaciones históricas relaciona ese nombre con el desbordamiento del Gran Canal, cuyas aguas habrían teñido la mampostería antes de la apertura del penal; otra lo vincula con las historias de violencia y las condiciones que se vivieron en su interior.

De prisión a archivo histórico

La Penitenciaría de Lecumberri funcionó como cárcel hasta 1976. Durante sus primeros años albergó a hombres y mujeres; después de 1954, con la puesta en servicio de una cárcel femenil, quedó destinada principalmente a población varonil.

El 27 de mayo de 1977 se decretó que el antiguo penal pasara al dominio de la Federación para convertirse en sede del Archivo General de la Nación. La transformación dio un nuevo uso a un edificio asociado durante décadas con el castigo y la vigilancia.

Actualmente, el inmueble conserva documentos fundamentales para comprender la historia de México. En su entorno permanecen también elementos urbanos y fachadas que recuerdan el origen de la colonia Penitenciaria y la expansión de la ciudad hacia aquella antigua periferia.