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Francia registra 135 detenidos durante nueva jornada de protestas bajo fuerte despliegue policial

Miles de personas salieron a las calles este sábado 24 de octubre en Francia, convocadas por el movimiento de los chalecos amarillos, estudiantes y organizaciones sindicales, para protestar contra el encarecimiento de la vida y reclamar mejores condiciones en la educación. La jornada se desarrolló bajo un amplio dispositivo de seguridad y dejó 135 personas detenidas, de acuerdo con el balance difundido por las autoridades.

El gobierno francés movilizó alrededor de 70 mil agentes, además de unidades policiales especiales, soldados de la misión Sentinelle, vehículos blindados y helicópteros. El operativo fue diseñado después de los disturbios registrados durante las movilizaciones del sábado 17 de octubre, cuando se reportaron saqueos, incendios y daños en comercios y edificios públicos.

Tensión en París, Lyon y Marsella

En Lyon, las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos para dispersar a un grupo de aproximadamente 150 personas que intentaba bloquear el tráfico en una zona donde las autoridades habían prohibido concentraciones. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, afirmó durante la jornada que no se habían registrado incidentes graves, aunque confirmó las detenciones y el decomiso de diversos objetos.

Las marchas fueron autorizadas en París, Marsella y Lyon, pero en la capital el recorrido fue modificado a última hora. La movilización, que originalmente debía comenzar en la plaza de la Bastilla, fue trasladada hacia una zona del sureste de París, cerca de la autopista periférica.

En París, los manifestantes corearon consignas contra el presidente Emmanuel Macron y expresaron su rechazo a las restricciones para protestar. Las movilizaciones estudiantiles, iniciadas semanas atrás, reclaman mejores condiciones en los liceos y cuestionan la situación de la educación pública.

Medidas de seguridad y críticas al gobierno

Las autoridades francesas impusieron toques de queda nocturnos en algunos barrios de grandes ciudades y restringieron determinadas manifestaciones tras los disturbios de la semana anterior. El gobierno atribuyó parte de la violencia a grupos de extrema izquierda y a personas que, según su versión, se incorporaron a las protestas para provocar saqueos y enfrentamientos.

El despliegue también incluyó la protección de edificios oficiales como el Palacio del Elíseo y la Asamblea Nacional. Comerciantes de distintas ciudades colocaron tablones en sus escaparates y algunos decidieron cerrar sus negocios ante el temor de nuevos actos vandálicos.

Organizaciones defensoras de los derechos humanos y representantes europeos pidieron a las autoridades respetar el derecho a la manifestación y priorizar la desescalada durante las operaciones policiales. Mientras tanto, los chalecos amarillos anunciaron nuevas movilizaciones para los próximos días contra lo que consideran una deriva autoritaria del gobierno.

La jornada ocurre en un contexto de presión política y social para el gobierno francés, que busca contener la violencia sin desactivar las protestas por el costo de vida, la educación y los servicios públicos.