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En la cima de Copoya: el Glorioso Cristo de Chiapas y su mirada sobre Tuxtla

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El sol de la tarde pega en superficies de acero pulido y, por un instante, la cruz se tiñe de un dorado que parece envolver la ciudad. Visitantes y feligreses suben por la carretera hacia Copoya para detenerse en ese mirador: al acercarse, la silueta del Glorioso Cristo de Chiapas aparece recortada contra el cielo sobre la meseta de Mactumactzá.

La obra, conocida también como Cristo de Copoya, se ubica en el ejido Copoya, al sur de Tuxtla Gutiérrez, y fue diseñada por el arquitecto Jaime Latapí López. Las guías y reseñas turísticas describen la estructura como una gran cruz metálica que integra en su interior la figura de Jesús y que además incluye un basamento con capilla y un mirador que ofrece vistas amplias de la ciudad y del cercano Cañón del Sumidero.

En cuanto a dimensiones, fuentes consultadas ubican la altura total de la estructura en torno a los 62 metros, mientras que otras la aproximan a 64 metros; esa envergadura supera la de monumentos más conocidos y explica por qué la figura es visible desde distintos puntos de Tuxtla.

Más allá de su escala, el diseño mezcla referencias contemporáneas y alusiones a la identidad local: la base piramidal remite a edificaciones prehispánicas y la envolvente metálica refleja la luz, un efecto que cambia con el día y vuelve notable el monumento al atardecer. Internamente, el conjunto incluye espacios para la celebración religiosa que lo convierten en un recinto activo, además de ser un atractivo para quienes buscan panoramas de la capital chiapaneca.

Quienes planifican la visita suelen encontrar información práctica en portales de turismo y reseñas de viajeros: el acceso al área del monumento es habitual para recorridos de corta duración y algunas referencias señalan un cobro simbólico por persona para entrar al recinto o por estacionamiento; los visitantes recomiendan llevar efectivo y protección solar al subir a la meseta.

El Glorioso Cristo de Chiapas ha sido presentado por autoridades y guías locales como un punto que, además de su valor religioso, aporta al paisaje urbano y al turismo de la región. Para quienes llegan desde el centro de Tuxtla, el trayecto por carretera dura unos veinte a treinta minutos según el tráfico, y desde los miradores se alcanza a ver parte del Cañón del Sumidero en días despejados.

En su conjunto, el Cristo de Copoya se ha consolidado como un símbolo visible de Tuxtla Gutiérrez: escultórico por su escala, funcional por su mirador y religioso por los servicios que alberga, ofrece una experiencia que combina panorama, arquitectura contemporánea y referencias culturales regionales.

En la cima de Copoya: el Glorioso Cristo de Chiapas y su mirada sobre Tuxtla