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El hambre y la escritura: tres décadas de El arte de la fuga, de Sergio Pitol

El arte de la fuga, uno de los libros más reconocidos de Sergio Pitol, cumple tres décadas de su primera edición con una historia marcada por la precariedad, la memoria y la persistencia de la escritura. Publicado por Ediciones Era en 1996, el volumen reconstruye distintos momentos de la vida y la formación literaria del escritor mexicano.

Entre los pasajes más intensos aparece el periodo que Pitol pasó en Barcelona a partir de junio de 1969. Lo que estaba previsto como una estancia breve se prolongó durante tres años, mientras esperaba el pago de traducciones y enfrentaba deudas, falta de dinero y condiciones de vida extremadamente difíciles.

La experiencia también fue recordada por Federico Campbell, quien coincidió con Pitol en Barcelona durante los primeros años de la década de 1970. Ambos aspiraban a convertirse en escritores y dependían de trabajos que podían tardar en ser pagados. Por ello establecieron un pacto: quien recibiera primero un cheque invitaría a comer al otro.

Una bitácora de la precariedad

En el capítulo “Diario de Escudillers”, Pitol registra la vida en un cuarto pequeño de Barcelona, la escasez de recursos y el peso de las deudas. También narra el encuentro con Ralph, un hombre que vivía en la calle y que le habló de una institución de beneficencia donde podían recibir sopa por seis pesetas, siempre que cada persona llevara su propio plato.

El escritor llegó a describir ese periodo como una etapa de “miseria extrema”. En uno de los episodios, ante la falta de dentífrico, cuenta que comenzó a lavarse los dientes con jabón. A pesar de esas condiciones, mantuvo el objetivo de terminar su primera novela y continuó escribiendo.

“Cuando no tienes dinero, aprendes a prescindir de todo”, le responde Ralph cuando Pitol le pregunta si no le asusta la miseria.

La situación empezó a cambiar en septiembre, cuando comenzaron a llegar los cheques por las traducciones. El 14 de ese mes, Pitol compartió una comida con Federico Campbell y conversó con él sobre amigos comunes de México e Italia.

Crónica, ensayo y memoria

El arte de la fuga está compuesto por 27 textos organizados en cuatro apartados. El libro combina recursos de la crónica, el ensayo personal, el diario de viajes y la autobiografía para explorar la relación entre la experiencia, la lectura y la creación literaria.

Pitol reflexiona sobre autores como William Faulkner, Thomas Mann, Jane Austen y Henry James, además de abordar el proceso de encontrar una voz propia. Su método no consiste únicamente en explicar cómo se escribe, sino en mostrar las dudas, los cambios de rumbo y los hallazgos que acompañan la elaboración de una obra.

En “¡Y llegó el desfile!”, reproduce entradas de su diario de 1980 relacionadas con la escritura de una novela policial. El proyecto se convertiría en El desfile del amor, novela que obtuvo el Premio Herralde y que posteriormente fue reconocida como una obra relevante de la narrativa mexicana en español.

El volumen también reúne recuerdos de viajes, perfiles de escritores, un diario de sueños, una evocación de Carlos Monsiváis y una crónica de Chiapas durante los primeros días de 1994, cuando comenzaba el conflicto zapatista. En otro pasaje, Pitol recuerda la carta que recibió de Witold Gombrowicz en 1965 para solicitarle la traducción de Las puertas del paraíso, de Jerzy Andrzejewski.

Un libro sobre la vocación literaria

La importancia de El arte de la fuga no depende solamente de sus episodios biográficos. La obra propone una mirada sobre la literatura como una práctica sostenida por la disciplina, la curiosidad y la capacidad de convertir las experiencias personales en materia narrativa.

Tres décadas después de su publicación, el libro conserva la fuerza de un testimonio sobre la formación de un escritor. La historia del hambre, las deudas y la incertidumbre en Barcelona se convierte así en una reflexión más amplia sobre la perseverancia y sobre la manera en que la vida puede transformarse en literatura.