El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que el conflicto en Medio Oriente ha provocado disrupciones significativas en los mercados de energía y que una subida sostenida de los precios del petróleo y el gas puede impulsar la inflación global y lastrará el crecimiento económico.
En una conferencia de prensa del 19 de marzo de 2026, la portavoz del FMI, Julie Kozack, señaló una regla empírica usada por el organismo: un aumento del 10% en el precio del petróleo, si se mantiene durante la mayor parte del año, podría elevar la inflación global en 40 puntos básicos y reducir la producción mundial entre 0.1% y 0.2%.
Esta advertencia coincide con movimientos bruscos en los mercados: en marzo de 2026 el crudo Brent registró subidas superiores al 50% en el mes, según reportes internacionales, un comportamiento que el FMI identifica como fuente de riesgo para las expectativas de precios y la confianza de los mercados.
El Nut Graf: la importancia radica en que precios de energía más altos transmiten presiones adicionales a los precios de transporte, fertilizantes y bienes manufacturados, lo que puede provocar efectos de segunda ronda en salarios y precios. Eso aumenta la probabilidad de que la inflación permanezca más elevada durante más tiempo y reduzca el margen de maniobra de los responsables de la política económica.
El FMI ha vinculado el impacto económico con la duración e intensidad del conflicto: escenarios breves tendrían efectos transitorios, mientras que una escalada prolongada mantendría precios energéticos elevados, afectaría a países importadores y complicaría la contención de la inflación.
Además de la energía, analistas y organismos internacionales señalan riesgos en las cadenas de suministro y en el comercio marítimo por interrupciones en puntos clave como el Estrecho de Ormuz, lo que podría agravar la presión sobre los precios de alimentos y fertilizantes.
Para los países, el FMI advierte dos vectores de preocupación: la transmisión directa de mayores costos de energía a la inflación y la posible desanclación de las expectativas inflacionarias, que limitaría la eficacia de las políticas monetarias sin provocar una fuerte desaceleración económica.
En conclusión, según las evaluaciones públicas del FMI y la evolución reciente de los mercados energéticos, la guerra en Medio Oriente eleva riesgos claros para la estabilidad de precios y el crecimiento global; el impacto final dependerá de cuánto tiempo se mantengan las perturbaciones y de las respuestas de política pública y de los mercados.


