Se baja por una escalera estrecha y curva hasta un lugar donde el ruido de la calle se convierte en otra ciudad: luces tenues, un piano al fondo y el rumor de conversaciones sobre la barra. El espacio —ubicado en la calle Palma, número 40, en el Centro Histórico— funciona bajo el nombre de El Cabrito Astur, aunque su memoria popular lo conoce también como Bar Astur y, en el pasado, como Bar Sobia.
Al entrar se nota de inmediato la condición subterránea del recinto: la ubicación en sótano atenúa la ciudad y, según reseñas periodísticas y de guías, incluso limita la señal telefónica. Esa cualidad de estar “afuera de” la red urbana es parte de su atractivo; el comedor y la barra ofrecen una experiencia de tiempo propio donde la música —a veces clásica, a veces el piano— contribuye al tono íntimo del lugar.
El Cabrito Astur ha mantenido una reputación ligada al cabrito como plato central. Guías gastronómicas y reseñas locales lo listan entre los sitios tradicionales de la ciudad para probar ese platillo, y las descripciones de comensales destacan tanto la preparación como el ambiente que acompaña la comida.
La ubicación del bar forma parte de un paisaje arquitectónico que conserva huellas del tránsito moderno del Centro Histórico. Muy cerca se encuentra el Edificio Thermidor, obra asociada con José Luis Cuevas Pietrasanta y construida en las décadas de 1930; su presencia recuerda la hoja de ruta de la modernidad arquitectónica que atraviesa la cuadra de Palma. Ese contexto urbano refuerza la sensación de entrar en una pieza histórica de la ciudad cuando se baja al Astur.
Las reseñas y notas que describen el lugar coinciden en detalles de su atmósfera: su sótano como refugio, la presencia ocasional de piano en vivo y una decoración que se percibe clásica y contenida. Para muchos visitantes, la combinación de comida tradicional, oscuridad protectora y música convierte la visita en una experiencia deliberadamente alejada del ajetreo del centro.
Hoy El Cabrito Astur aparece en directorios y plataformas de reseñas con la dirección en Palma 40 y comentarios que valoran tanto su platillo emblemático como su ambiente subterráneo. Esa persistencia en las listas de sitios tradicionales confirma su lugar en la memoria gastronómica y social del centro de la Ciudad de México.
Al salir, la escalera devuelve al peatón al tránsito y al sol; atrás queda el sótano donde la ciudad parecía haberse detenido un rato, y con ella una constelación de voces y sabores que siguen recordando por qué, en el centro, todavía hay lugares que resisten el paso acelerado del tiempo.


