Cada 30 de marzo se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, fecha que remite al I Encuentro Latinoamericano y del Caribe de Trabajadoras del Hogar celebrado en Bogotá en marzo de 1988, donde se acordó constituir la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO) y declarar ese día como jornada de visibilización del sector.
La conmemoración se centra en la necesidad de reconocer el trabajo doméstico remunerado como una relación laboral sujeta a derechos y protecciones. Esta demanda tomó marco internacional con la adopción del Convenio sobre trabajadoras y trabajadores domésticos (Convenio Nº 189) por la Organización Internacional del Trabajo en 2011, que establece estándares mínimos para condiciones laborales dignas en el ámbito doméstico.
El problema estructural es la alta informalidad del trabajo del hogar, que deja a muchas personas —en su mayoría mujeres— sin acceso a seguridad social, jornadas reguladas, salario mínimo ni mecanismos eficaces para prevenir y sancionar violencia o acoso en el trabajo. Organizaciones regionales y federaciones de trabajadoras señalan que la informalidad y la discriminación por género, etnia y condición migratoria agravan la vulnerabilidad del sector.
El Convenio Nº 189 busca reducir esas brechas al exigir medidas como la igualdad de protección frente a la ley laboral general, límites a la jornada, derecho a periodos de descanso y a prestaciones como la licencia de maternidad y la seguridad social. Además del texto del Convenio, la Recomendación complementaria propone orientaciones para su implementación práctica por parte de los Estados.
Las organizaciones que impulsaron el 30 de marzo y redes internacionales de trabajadoras plantean objetivos concretos: promover la ratificación y aplicación efectiva del Convenio 189 por los gobiernos; garantizar acceso a la seguridad social y a pensiones; formalizar la relación laboral mediante contratos escritos; prevenir y sancionar la violencia y el acoso; y eliminar la discriminación mediante políticas públicas y campañas de sensibilización.
En la práctica, las medidas señaladas como prioritarias por sindicatos y federaciones incluyen: la firma de contratos laborales que especifiquen jornadas y remuneración; inspecciones laborales que supervisen condiciones en domicilios cuando proceda; campañas públicas para cambiar la percepción social del trabajo doméstico; y el fomento de la organización sindical y la representación colectiva de las trabajadoras.
La experiencia de la región muestra avances dispares: algunos países han incorporado normas que reconocen derechos laborales a las trabajadoras del hogar, pero la implementación efectiva y la cobertura siguen siendo retos persistentes. La conmemoración anual funciona como plataforma para medir avances, presionar por reformas y visibilizar casos de vulneración de derechos.
En conclusión, el 30 de marzo funciona como recordatorio y motor de exigencias concretas: convertir en norma el acceso a derechos laborales y de seguridad social para las trabajadoras del hogar, implementar mecanismos de supervisión y protección frente a la violencia laboral, y promover la formalización. La adopción y puesta en práctica del Convenio Nº 189 aparece como la herramienta internacional central para avanzar en esos objetivos.


