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Alberto Fuguet: ser queer también significa no pertenecer

El escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet habló sobre su novela Ciertos chicos y explicó que lo queer no está relacionado únicamente con la sexualidad, sino también con la experiencia de sentirse diferente, raro o fuera de lugar. La conversación fue publicada el 30 de agosto de 2026.

La novela, publicada por Tusquets, sigue a Tomás Mena y Clemente Fabres, dos jóvenes que viven la represión política, familiar y social del Chile de los años ochenta. En ese contexto, las fiestas clandestinas, los fanzines, la música pop y los afectos se convierten en espacios de resistencia frente a la dictadura y a las normas impuestas por la familia y el entorno.

Una idea amplia de lo queer

Fuguet señaló que no todo lo queer está ligado a lo erótico. Para el autor, el término también puede describir a quien no siente que pertenece a un grupo, ya sea por su apariencia, su origen, sus intereses o su manera de pensar.

“Para mí queer significa ser distinto, ser raro, no pertenecer”, expresó Fuguet durante la entrevista.

Desde esa perspectiva, Ciertos chicos presenta la sensibilidad y la diferencia como formas de identidad que no necesariamente pasan por una definición sexual. Sus personajes enfrentan una sociedad que exige comportarse de acuerdo con determinados modelos de masculinidad, familia y conducta pública.

La represión más allá de la dictadura

El escritor explicó que la novela aborda la represión militar, pero también otras formas de control presentes en la Iglesia, la familia, los vecinos y las relaciones cotidianas. Su interés, dijo, estaba en mostrar cómo el miedo a ser distinto podía afectar la vida privada de los jóvenes.

En el libro, la música pop funciona como una vía de escape y como una expresión cultural capaz de desafiar las ideas dominantes. Fuguet consideró que artistas y canciones asociados con el pop podían resultar tan transgresores como el rock o el punk, aunque fueran vistos como géneros menores.

Autobiografía, ficción y memoria

Al hablar de su proceso creativo, Fuguet explicó que combina experiencias personales con situaciones inventadas. Clemente Fabres tiene elementos autobiográficos, mientras que Tomás Mena reúne rasgos del autor y vivencias que no necesariamente formaron parte de su propia historia.

El resultado es una novela inspirada en un mundo que el escritor conoció de manera parcial: el de los jóvenes que encontraron en la cultura underground, las fiestas y la música una forma de imaginar otra vida durante los años ochenta.

Una revisión del canon latinoamericano

La entrevista también abordó la relación de Fuguet con la obra de Andrés Caicedo, Luis Zapata y Fernando Molano Vargas. El autor cuestionó que algunas literaturas sean consideradas menos representativas por apartarse de los modelos tradicionales de prestigio y solemnidad.

Fuguet defendió la necesidad de ampliar el canon y prestar atención a escritores que construyeron personajes jóvenes, sensibles, transgresores o alejados de las narrativas oficiales. En ese recorrido mencionó novelas como El vampiro de la colonia Roma, Un beso de Dick y ¡Que viva la música!.

Con Ciertos chicos, Alberto Fuguet vuelve a la memoria de la dictadura chilena desde la intimidad, la cultura pop y las emociones de quienes intentaban encontrar un lugar propio en una sociedad marcada por la represión.