El New York Times puso fin a su colaboración con el escritor y periodista Alex Preston después de que un lector señalara que su reseña publicada en enero de la novela Watching Over Her contenía pasajes y descripciones muy parecidas a los de una reseña anterior, publicada en agosto, sobre el mismo libro.
La investigación interna del diario determinó que Preston había usado una herramienta de inteligencia artificial al elaborar un borrador de la reseña y no detectó ni eliminó el lenguaje duplicado que la IA había generado. Ese hallazgo motivó la publicación de una nota editorial, fechada el 30 de marzo, en la que se reconoció el uso de IA y se señaló la superposición con la reseña previa.
En su respuesta al periódico, Preston se disculpó y dijo sentirse avergonzado por lo ocurrido, reconociendo que cometió “un grave error” al emplear la herramienta para el borrador y no eliminar el material repetido. La nota editorial también apunta que el uso de trabajo no atribuido de otro autor constituye una violación de los estándares del Times.
Las coincidencias detectadas incluyen descripciones de personajes y una conclusión que comparten imágenes y giros similares entre ambas críticas; ejemplos citados en la investigación muestran frases comparables en la caracterización de un personaje y en la valoración final de la novela.
El periódico añadió la nota editorial a la reseña afectada y, tras la investigación, comunicó que Preston ya no colaboraría con ellos. En declaraciones adicionales publicadas sobre el caso se indica que, en el perfil del autor, figuraban varias colaboraciones anteriores y que Preston aseguró no haber utilizado IA en esos trabajos previos.
El episodio ha vuelto a situar en el centro del debate público la responsabilidad humana en el uso de herramientas de IA para producción periodística: la generación automática puede producir texto que reproduzca formulaciones ajenas, pero la responsabilidad sobre el texto final recae en el autor y en los mecanismos editoriales que deben detectarlo y evitar su publicación sin atribución.
El caso abre preguntas prácticas sobre controles editoriales y políticas de verificación en secciones de opinión y reseñas, y su resolución —la terminación de la colaboración con el autor y la publicación de la nota editorial— marca la respuesta inmediata del medio ante una violación de sus normas.
Queda por ver si el incidente motivará revisiones formales de procesos internos respecto al uso de herramientas de IA en la redacción y la edición de piezas pagadas por medios que exigen estándares de atribución y originalidad.


