El Viernes Santo conmemora la Pasión, la crucifixión y la muerte de Jesucristo; forma parte del Triduo Pascual que culmina con la celebración de la Pascua. La celebración litúrgica principal es la llamada “Celebración de la Pasión del Señor”, que tradicionalmente se ubica en la tarde —en torno a las 15:00—, hora asociada a la muerte de Jesús en la cruz.
La importancia actual del día radica en que, además de la liturgia, millones de fieles participan en devociones públicas y privadas que remarcan el carácter penitencial de la jornada. Entre las prácticas más difundidas están el Vía Crucis —un ejercicio de oración dividido en catorce estaciones que rememoran episodios de la Pasión— y las normas de ayuno y abstinencia que la Iglesia establece para momentos concretos del calendario litúrgico.
Respecto al Vía Crucis, la tradición tiene raíces en los lugares de la Pasión en Tierra Santa y hoy se celebra tanto como recorrido físico (procesiones o representaciones) como en forma de meditación en las estaciones dentro de las iglesias. El rezo de las catorce estaciones puede hacerse individualmente o en comunidad y es una práctica consolidada durante la Semana Santa.
Sobre ayuno y abstinencia, la normativa de la Iglesia latina señala que el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son días obligatorios de ayuno y abstinencia. La práctica del ayuno se aplica habitualmente a personas entre los 18 y 59 años, y la abstinencia de carne obliga a quienes tienen 14 años o más. En términos prácticos, el ayuno suele entenderse como una comida completa al día con la posibilidad de dos colaciones ligeras que no equivalgan a otra comida completa; la abstinencia implica no consumir carne en el día señalado.
Estas prácticas tienen un propósito litúrgico y pastoral: orientar a los fieles hacia la reflexión sobre el sacrificio que la celebración recuerda y fomentar el recogimiento y la penitencia. Para la organización de actos públicos y horarios de celebraciones, las parroquias y diócesis suelen difundir orientaciones locales y calendarios de actividades para el Triduo Pascual.
En síntesis, el Viernes Santo reúne una liturgia central (la Celebración de la Pasión), devociones como el Vía Crucis y prescripciones de ayuno y abstinencia que forman parte de la disciplina penitencial de la Iglesia latina, con el objetivo de acompañar espiritualmente a los fieles en la conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesucristo.


