En la noche de apertura de la Mostra de Venecia, sobre la alfombra del Lido, Paolo Sorrentino presentó La Grazia y dejó claro desde el inicio que su filme busca interpelar más que ofrecer respuestas. La película tuvo su estreno mundial el miércoles 27 de agosto de 2025 durante la ceremonia inaugural del festival.
El protagonista es un presidente de la República interpretado por Toni Servillo, un hombre cercano al final de su mandato que debe decidir si firma una ley que permitiría la eutanasia. Ese conflicto central —la tensión entre el deber institucional y la convicción personal— articula la trama y el pulso moral de la película.
Sorrentino dijo que la historia nace de un interés por los dilemas morales: recordó un caso real que lo inspiró y describió la decisión sobre la eutanasia como un «dilema moral» interesante para contar. La película muestra además otros retos de gobierno, como decisiones sobre indultos, que completan el retrato público y privado del personaje.
En el reparto también aparece Anna Ferzetti en el papel de la hija del presidente, figura que aporta presión profesional y emocional sobre la decisión legislativa. Varios críticos y reseñas destacaron un tono más sobrio y contenido en La Grazia, alejado de las estridencias formales que caracterizaron algunos trabajos anteriores del director.
Más allá de la forma, el impulso declarado de Sorrentino con La Grazia es devolver atención al debate sobre la eutanasia y la regulación del final de la vida en Italia. La película plantea la pregunta pública a través de un relato íntimo: no dicta soluciones, sino que propone la puesta en escena de una encrucijada ética que puede resonar en audiencias y legisladores.
Al cerrar la presentación en Venecia, la película quedó planteada como una obra que combina reflexión política y conflicto humano, con la esperanza explícita de que provoque conversación sobre cómo las sociedades afrontan las decisiones de vida y muerte.


