En el Foro Lucerna, el actor invita a espectadores a formar parte de la escena mientras construye una lista de pequeñas alegrías que dan sentido a la vida: así transcurre Puras cosas maravillosas, el monólogo que Pablo Perroni ha llevado de forma recurrente al Teatro Milán.
La pieza, firmada por Duncan Macmillan y Johnny Donahoe y montada bajo la dirección de Sebastián Sánchez Amunátegui, explora la historia de un niño que, ante el intento de suicidio de su madre, comienza a anotar todo aquello por lo que vale la pena vivir. A pesar del tema difícil —la depresión y el suicidio aparecen en la trama— el montaje combina momentos de humor y de cercanía con el público.
Perroni ha señalado que el texto le exige vulnerabilidad y que, por esa razón, la obra lo sigue retando como intérprete; la presenta de forma recurrente desde hace años y la ha ido renovando en cada reposición para mantenerla vigente.
La puesta recupera la complicidad del público mediante la participación voluntaria de asistentes en escena, una apuesta que rompe la cuarta pared y refuerza la experiencia compartida; al mismo tiempo, en el regreso a funciones presenciales se incorporaron medidas para proteger al público en el contexto pospandemia, como protocolos de higiene y distanciamiento en la puesta en escena.
El montaje se ofrece en funciónes regulares en el Foro Lucerna (Teatro Milán), con horarios pensados para la programación de la sala. Su duración aproximada es de poco más de una hora, y la pieza se presenta como una invitación a mirar la salud mental sin estigmas, poniendo sobre la mesa una conversación que, según el intérprete, la obra ayuda a abrir.
Al concluir, la sensación que deja la obra es la de un recordatorio: enfocar la atención en las pequeñas cosas puede convertirse en un recurso para sostenerse en momentos complejos, y el teatro sigue siendo para Perroni un espacio para abordar temas personales y colectivos desde la cercanía y la escucha.


