La novela arranca con una imagen que obligó a su autor a escribirla: la visión de una “montaña marrón” —un vertedero— que marca el paisaje y condiciona la vida del barrio. A partir de esa visión, Cardona sitúa a una familia en torno a una ferretería que es a la vez negocio, casa y territorio de memoria; la cotidianeidad del local articula el pulso de la narración.
Publicada por Seix Barral, la obra aparece registrada con fechas diferentes en distintos listados editoriales (aparecen referencias a 2025 y a principios de 2026). El dato editorial no disminuye la claridad del proyecto literario: se trata de una novela que pone en primer plano los lazos familiares y la dimensión política de lo doméstico en Puerto Rico.
El relato se cuenta desde la mirada infantil de Javi, una voz que combina lucidez e ironía para medir las ausencias y los silencios de su hogar. La madre, Pilar, funciona como eje del mundo narrado; al retirar o minimizar la presencia de figuras como el padre y el abuelo, Cardona concentra la tensión entre cuidado, supervivencia y poder en el vínculo madre-hijo.
La casa, en esta obra, es ambivalente: protege y asfixia, invita a la memoria y retiene heridas. Ese doble carácter aparece ligado al paisaje caribeño —huracanes, vertederos, bases abandonadas— y a la historia social de la isla, donde la vivienda opera como refugio y como espacio de negociación frente a precariedades estructurales.
En lo formal, la novela adopta una arquitectura fragmentaria que reproduce el ritmo de la percepción infantil. Recurso tras recurso, la enumeración aparece como mecanismo para ordenar el mundo: listar objetos, palabras o escombros sirve tanto para recuperar lo perdido como para construir sentido dentro del caos.
Esa mezcla de ternura y violencia cotidiana atraviesa el tono del libro: el humor no anula el dolor, sino que convive con él, a menudo en la misma escena. Cardona maneja la ironía como una herramienta para aproximarse a la complejidad afectiva sin caer en la simplificación o en la denuncia complaciente.
El resultado es una novela que lee la casa como personaje y como país portátil: un conjunto de objetos, historias y necesidades que dibujan una identidad atravesada por la historia y por la supervivencia. Su propuesta estética —voz infantil, fragmentación y acumulación léxica— invita al lector a reconstruir, letra por letra, lo que queda de un hogar después de la tormenta.
En su conjunto, Esto también es una casa funciona como un pequeño catálogo de tensiones íntimas y políticas: una obra que propone escuchar la literatura desde los objetos y las voces que suelen quedar en los márgenes.


