Estados Unidos e Israel ejecutaron ataques contra objetivos en Irán, con impactos reportados en Teherán y otras localidades, en un contexto de intensificación del conflicto que ha incluido lanzamientos de misiles y drones desde y hacia la región.
La escalada y las restricciones al tráfico en el estrecho de Ormuz han empujado los precios del crudo por encima de los 100 dólares por barril, y el precio promedio de la gasolina en Estados Unidos superó los 4 dólares por galón, según reportes de mercados energéticos y agencias de noticias.
Las operaciones combinadas de bombardeos y misiles han provocado respuestas iraníes dirigidas a instalaciones en la región y a posiciones asociadas con fuerzas estadounidenses y aliados, generando un patrón de ataques y represalias que ha persistido durante semanas.
Funcionarios del Pentágono han instado a aliados a “reforzar” esfuerzos para mantener abierta la vía marítima en el estrecho de Ormuz, y en análisis públicos se ha mencionado la posibilidad —y los riesgos— de medidas dirigidas a centros de exportación petrolera como la isla de Kharg si la navegación no se restablece plenamente.
La combinación de ataques y la interrupción del suministro ha sacudido a los mercados: bolsas y futuros registraron reacciones volátiles mientras analistas advertían sobre el impacto en la inflación y los costos de transporte. Autoridades económicas europeas reportaron incrementos en la presión sobre precios energéticos vinculados al conflicto.
La situación permanece volátil y, además de las operaciones militares, se han reportado gestiones diplomáticas en distintos frentes; seguirá siendo clave la evolución de las acciones en el estrecho de Ormuz y de cualquier acuerdo que permita normalizar el tránsito de crudo y reducir la presión sobre los mercados.


