Las apuestas en línea están cada vez más al alcance de adolescentes y jóvenes mediante teléfonos celulares, tabletas, computadoras y consolas. Esta disponibilidad, sumada a la publicidad y a mecanismos digitales diseñados para mantener la atención, puede favorecer conductas de juego problemático en personas vulnerables.
El acceso inmediato no significa que todas las personas que juegan desarrollarán ludopatía. Sin embargo, cuando una persona pierde el control, coloca las apuestas por encima de otras actividades y continúa jugando pese a las consecuencias negativas, puede estar frente a un trastorno que requiere atención profesional.
De la recompensa inmediata a la pérdida de control
Los videojuegos y las plataformas digitales ofrecen respuestas rápidas, niveles, recompensas y estímulos constantes. Aunque jugar videojuegos no equivale a apostar, estos entornos pueden acostumbrar a algunas personas a buscar gratificaciones inmediatas y a permanecer durante largos periodos frente a una pantalla.
En los juegos de azar, además, el resultado depende principalmente de la suerte o de acontecimientos que el jugador no controla. Una victoria puede alimentar la ilusión de dominio, mientras que una derrota puede interpretarse como un tropiezo temporal que se resolverá con la siguiente apuesta.
Ese ciclo puede llevar a intentar recuperar el dinero perdido, ocultar deudas, pedir préstamos o utilizar recursos destinados a los gastos familiares. La facilidad para apostar desde un dispositivo y emplear tarjetas bancarias reduce las barreras que antes implicaban acudir físicamente a un casino.
Señales de alerta en adolescentes y jóvenes
Entre las señales de riesgo se encuentran la preocupación constante por apostar, la necesidad de aumentar las cantidades de dinero, los intentos fallidos por detenerse, la irritabilidad cuando no es posible jugar y el abandono de actividades escolares, familiares o sociales.
También deben observarse los cambios financieros y de conducta: solicitar dinero con frecuencia, ocultar movimientos bancarios, mentir sobre el tiempo dedicado al juego, vender pertenencias o recurrir a recursos ajenos para continuar apostando.
La Organización Mundial de la Salud advierte que los daños asociados al juego pueden aparecer incluso antes de que se cumplan todos los criterios de un trastorno. Entre sus consecuencias se encuentran las dificultades económicas, el deterioro de las relaciones, los problemas de salud mental y, en casos graves, el riesgo suicida.
Factores que pueden aumentar la vulnerabilidad
La impulsividad, la búsqueda intensa de sensaciones, las dificultades para regular las emociones y la presencia de ansiedad, depresión u otros problemas de salud mental pueden aumentar el riesgo. También influyen la normalización de las apuestas, la publicidad dirigida a públicos jóvenes y la disponibilidad de plataformas digitales durante todo el día.
La adolescencia es una etapa en la que continúan desarrollándose las capacidades relacionadas con el autocontrol y la toma de decisiones. Por ello, el acompañamiento de madres, padres y tutores resulta importante, especialmente cuando existen cambios bruscos en el estado de ánimo, el rendimiento escolar o la relación con el dinero.
Prevención y atención oportuna
La prevención comienza con conversaciones claras sobre los riesgos de las apuestas, límites de acceso a plataformas y medios de pago, supervisión de la actividad digital y alternativas recreativas que no estén vinculadas con el dinero o la competencia constante.
Cuando ya existen deudas, mentiras, conflictos familiares o pérdida de control, es recomendable buscar ayuda profesional sin recurrir a la culpa o la estigmatización. La atención puede incluir evaluación médica, psicoterapia, orientación familiar, intervención psiquiátrica y grupos de apoyo, según las necesidades de cada persona.
En México, la atención inicial puede solicitarse en las Unidades de Medicina Familiar del Instituto Mexicano del Seguro Social para quienes tienen derechohabiencia. Identificar el problema de manera temprana puede evitar que una actividad presentada como entretenimiento se convierta en una fuente de deudas, aislamiento y sufrimiento.

